La estación de investigación Concordia, ubicada en la meseta antártica, registró el pasado 18 de julio una temperatura de -84,1 °C, el valor más bajo medido en cualquier punto del planeta desde el año 2012.
El registro se produjo en una de las zonas más extremas de la Tierra. La base se encuentra a más de 3.200 metros sobre el nivel del mar, en el interior de la Antártida, lejos de la influencia del océano y atravesando la noche polar durante el invierno austral, condiciones que favorecen temperaturas excepcionalmente bajas.
A ese nivel de frío extremo, el agua permanece congelada desde hace mucho tiempo, la piel expuesta puede sufrir daños en muy poco tiempo y numerosos materiales modifican sus propiedades debido a las bajas temperaturas.
Si bien la marca alcanzada en Concordia es una de las más bajas de las últimas décadas, no logró superar el récord mundial de temperatura mínima del aire, establecido el 21 de julio de 1983 en la estación rusa Vostok, donde se registraron -89,2 °C.
El dato vuelve a poner de relieve las condiciones extremas que se viven en el continente antártico, mientras gran parte del hemisferio norte atraviesa intensas olas de calor.


































