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Del aula a los vuelos: el proyecto de jóvenes argentinos que busca revolucionar la movilidad aérea

Un grupo de jóvenes argentinos desarrolló el Atol Mamba, un vehículo eléctrico de despegue y aterrizaje vertical (eVTOL) que ya realizó vuelos tripulados en Argentina y que nació a partir de una inquietud surgida entre estudiantes y exalumnos de una escuela técnica.

El proyecto comenzó con los primeros diseños y pruebas técnicas y luego se transformó en Atol Tech S.A., empresa constituida formalmente en abril de 2026 por Nicolás Maculan, Matías Felizia y Francisco Yennaccaro.

El Mamba es una aeronave monoplaza que utiliza ocho motores eléctricos, distribuidos en pares coaxiales, para elevarse sin necesidad de una pista. Su sistema de control toma referencias de los drones y permite manejar la potencia, la inclinación y el giro, mientras una computadora de vuelo procesa la información de distintos sensores.

La seguridad es uno de los puntos centrales del desarrollo. El vehículo cuenta con una celda de protección para la cabina, arnés de cuatro puntos, sensores redundantes y un paracaídas balístico pensado como recurso de emergencia. Además, cada motor tiene una alimentación independiente para mantener capacidad de control ante una eventual falla.

Con las baterías incluidas, el prototipo pesa 115 kilos. Durante sus primeras pruebas alcanzó velocidades de hasta 70 kilómetros por hora y realizó vuelos de alrededor de 20 minutos. Actualmente, el objetivo de sus desarrolladores es llegar a una autonomía de entre 25 y 30 minutos por carga y poder reemplazar las baterías en menos de dos minutos.

El proyecto contempla posibles aplicaciones recreativas, deportivas y de rescate, además del desarrollo de una eventual categoría de competencias de aeronaves eléctricas. Sin embargo, cada uno de esos usos requiere condiciones específicas y todavía debe superar diferentes etapas técnicas y regulatorias.

Atol mantiene conversaciones con la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC) y analiza también el marco de la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA) para definir cómo podría encuadrarse el Mamba y qué requisitos debería cumplir para avanzar hacia una eventual utilización comercial.

La idea que comenzó entre estudiantes terminó así convertida en un prototipo que ya vuela con una persona a bordo. El próximo desafío para sus desarrolladores es demostrar que puede operar de manera segura y repetible y avanzar con los ensayos, la documentación y la certificación necesarios para incorporarse al ámbito de la aviación regulada.

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