El avance del mar sobre la costa de Comodoro Rivadavia alcanza, en algunos sectores, hasta 1,20 metros por año, según mediciones realizadas por especialistas. El dato volvió a cobrar relevancia tras la fuerte marejada registrada en los últimos días, que dejó al descubierto el impacto que la erosión costera ya provoca sobre distintos puntos de la ciudad.
El geólogo José Paredes explicó que los relevamientos efectuados entre 2022 y 2023 muestran que, en el tramo comprendido entre la zona del puerto y el Chalet Huergo, el retroceso de la línea costera oscila entre los 68 centímetros y 1,20 metros anuales, dependiendo de las características de cada sector.
Si bien aclaró que no se trata de un fenómeno uniforme, señaló que esas cifras permiten dimensionar la velocidad con la que el mar modifica el borde costero y el riesgo que representa para la infraestructura ubicada junto a los acantilados.
La situación volvió a quedar en evidencia tras la última marejada, que afectó especialmente al barrio Usina, en Kilómetro 5. Vecinos de las calles Reconquista y Arenales observaron que el oleaje erosionó nuevamente el terreno y dejó algunas viviendas cada vez más próximas al borde del acantilado, alimentando la preocupación ante la posibilidad de nuevos temporales.
Paredes explicó que la erosión responde a un proceso natural propio de la geografía costera de Comodoro Rivadavia, aunque puede acelerarse cuando las mareas astronómicas coinciden con fuertes condiciones meteorológicas.
Según indicó, la ciudad posee una costa «macromareal», donde la diferencia entre la pleamar y la bajamar supera habitualmente los cuatro metros. Cuando ese fenómeno coincide con tormentas y oleaje intenso, aumenta considerablemente la energía con la que el mar impacta sobre los acantilados y acelera el desgaste del terreno.
El especialista recordó que este proceso ya produjo consecuencias sobre distintas infraestructuras de la ciudad. Entre los casos más conocidos mencionó el socavamiento que provocó la caída del camino del ARA San Juan y los problemas registrados en sectores de la Ruta Nacional Nº 3, a la altura del cerro Chenque.
A su entender, la erosión dejó de ser exclusivamente un fenómeno ambiental para transformarse en un problema urbano, ya que comienza a comprometer calles, espacios públicos y sectores habitados.
Respecto de las posibles soluciones, consideró que el enrocado constituye la alternativa más efectiva para disminuir la fuerza del oleaje y reducir el proceso erosivo. No obstante, advirtió que se trata de una obra de alto costo por la cantidad de material requerido y la complejidad que implica su ejecución.
Por ese motivo, propuso avanzar con intervenciones prioritarias en los sectores más vulnerables, donde el avance del mar ya representa un riesgo para la infraestructura o para las viviendas cercanas a la costa.
La preocupación volvió a crecer luego de que la última marejada también provocara el socavamiento de la avenida Ducós, un episodio que volvió a exponer el impacto que el avance del mar tiene sobre distintos puntos del frente costero de Comodoro Rivadavia.
Con información de Actualidad 2.0
