La llegada de un episodio de El Niño muy intenso genera inquietud en Argentina ante la posibilidad de lluvias extraordinarias y eventos climáticos extremos
La meteoróloga de Meteored Cindy Fernández aclaró que el fenómeno se trata de una fase de El Niño muy fuerte, y precisó que la denominación “súper” no forma parte de la terminología científica y que lo relevante radica en la intensidad del evento y la probabilidad de aparición de fenómenos asociados.
Fernández señaló que la magnitud de El Niño no define directamente la gravedad de los fenómenos asociados, sino la probabilidad de su ocurrencia.
Es decir, un Niño muy fuerte no garantiza impactos más severos, pero sí aumenta la frecuencia de eventos meteorológicos anómalos.
Además, la especialista advirtió que “el contexto de cambio climático altera el comportamiento tradicional del fenómeno, dado que la atmósfera global contiene más humedad que hace décadas, lo que potencia la materia prima de las lluvias”.
La influencia del Súper El Niño no se reparte de manera uniforme en el territorio argentino. Según Fernández, los efectos varían según la estación del año y la ubicación geográfica. Y señaló que este invierno de 2026 ya exhibió características típicas de El Niño, como intensas nevadas en la cordillera central y episodios de frío extremo en la Patagonia, donde se registraron varias olas de frío superiores a los 10 días, con temperaturas mínimas récord.
Estos valores se asocian con la modificación de los patrones de viento y la circulación atmosférica que introduce el fenómeno.
El patrón característico durante un El Niño muy fuerte implica un aumento de las lluvias y la frecuencia de fenómenos extremos, aunque la intensidad puntual de cada evento depende de la interacción con otros factores climáticos regionales.
Durante el invierno, ya se observaron nevadas excepcionales en la cordillera y olas de frío severas en la Patagonia. A medida que avance la temporada, se prevé un incremento de las tormentas, algunas de ellas severas, y la posibilidad de eventos poco habituales como tornados, un fenómeno que ya se registró en Argentina y el sur de Brasil en semanas recientes.
El escenario actual se distingue por la presencia de una atmósfera más cálida y húmeda respecto a décadas anteriores. Fernández explicó que hoy el aire contiene más vapor de agua, lo que multiplica la probabilidad de lluvias torrenciales, independientemente de la fase de El Niño. Las estadísticas históricas pierden vigencia, ya que la atmósfera global cambia con rapidez y las comparaciones con eventos pasados resultan limitadas.
La experta subrayó que debido al calentamiento global cada episodio de El Niño se produce en un contexto diferente, lo que dificulta pronosticar impactos exactos basados en antecedentes. Si bien las proyecciones climáticas ofrecen una guía, la interacción con el cambio climático introduce incertidumbre y obliga a revisar las previsiones con frecuencia.
En ese sentido, la meteoróloga sostuvo: “La realidad es que estamos en un escenario donde cada nuevo Niño llega en un contexto diferente al anterior. Muy diferente, porque la atmósfera está cambiando muy rápido”.
El aumento de precipitaciones y el riesgo de inundaciones exponen debilidades en la infraestructura del país. Madelón alertó que Argentina no cuenta con sistemas adecuados para enfrentar excesos hídricos y recomendó mantener canales, cañerías y desagües urbanos en óptimas condiciones para evitar colapsos ante lluvias extraordinarias.
Madelón anticipó que el Súper El Niño se hará más evidente a partir de la primavera de 2026 y se intensificará durante el verano de 2027, con episodios de lluvias que podrían superar los registros habituales.
La comunidad científica coincide en la necesidad de reforzar el monitoreo y la investigación sobre el fenómeno, así como de actualizar permanentemente los pronósticos para anticipar escenarios y mitigar riesgos en un país donde los efectos del clima extremo se sienten cada vez con mayor frecuencia.
Fuente: Infobae
