La tensión en la Cámara de Diputados suele medirse en el cruce de chicanas y leyes, pero ayer la Comisión de Cultura se transformó en el escenario de un choque humano desgarrador. Las estrofas afinadas y profesionales de los chicos del Coro Nacional de Niños —la histórica institución fundada en 1967 y disuelta recientemente por el Decreto presidencial 687/2026— resonaron en la sala, seguidas inmediatamente por un estallido de furia e impotencia familiar que congeló el Palacio Legislativo.
Minutos antes, los pequeños artistas interpretaban su repertorio frente a los diputados con lágrimas en los ojos, conscientes de que defendían su espacio de pertenencia. Sin embargo, del lado de las bancas de La Libertad Avanza (LLA), la sintonía era otra. Risas contenidas, murmullos constantes y miradas esquivas al celular dominaron los asientos ocupados por legisladores que responden políticamente a Milei como Adrián Brizuela, Carlos Alberto Almena y Miguel Rodríguez. Para algunos presentes, el desinterés mutó en desprecio cuando los diputados oficialistas directamente se acomodaron dándoles la espalda al coro infantil.
Fue entonces cuando la música cesó y el silencio parlamentario fue roto por el grito unánime de un padre indignado.
«¡Mi hijo se merece por lo menos el respeto de que lo escuchen y no que hablaran entre ustedes cuando estaba cantando!», increpó a viva voz el hombre, visiblemente quebrado, señalando a los representantes de LLA. El recinto mutó en un hervidero. Lejos de amedrentarse ante los pedidos de orden, el familiar redobló su reclamo tocando la fibra más sensible del oficialismo: «¡Yo los voté y me arrepiento! ¡Caraduras! ¡No tienen vergüenza, ustedes son padres también!».
La bancada libertaria y sus aliados reaccionaron solicitando de inmediato el desalojo de la sala o el restablecimiento estricto del orden formal, acusando una falta de respeto al normal funcionamiento de la comisión. Sin embargo, la presidenta de la Comisión de Cultura, Lorena Pokoik (Unión por la Patria), frenó en seco la contraofensiva y amparó el descargo del padre. «Entiendo la indignación de un padre cuando sus niños menores están cantando con lágrimas en los ojos y un conjunto de diputados les da la espalda», sentenció Pokoik para validar el micrófono de las familias afectadas.
En la periferia del conflicto, legisladoras de la oposición dialoguista, como Karina Banfi, intentaron encauzar la discusión rechazando los insultos generalizados dentro del recinto, mientras que desde LLA buscaron contraatacar cuestionando «la utilización y exposición» de menores de edad en medio de debates de alta fricción política. A su vez, los diputados de Javier Milei, les gritaron «kukitas» a los niños del coro.
La sesión concluyó entre reproches cruzados y un clima de extrema hostilidad. La disolución del coro de voces blancas sigue sumando capítulos de resistencia, y el video del cruce ya inunda las redes sociales como el reflejo de una grieta que ayer abandonó los tecnicismos económicos para medirse en términos de respeto y sensibilidad.
