En el mundo del fútbol, donde los goles y los trofeos definen leyendas, Lionel Messi ha confesado recientemente un remordimiento que va más allá de las canchas: no haber aprendido inglés de niño. En una entrevista sincera con el podcast mexicano «Miro de Atras», el astro argentino, ahora de 38 años y estrella del Inter Miami, reveló que este descuido le ha costado oportunidades personales y le ha hecho sentir «ignorante» en momentos clave de su vida. «No haber aprendido inglés de chico. Tuve el tiempo para haber estudiado al menos inglés y no lo hice. Me arrepiento profundamente», admitió Messi, reflexionando sobre su juventud en Barcelona, donde el catalán y el español dominaban su entorno, pero el inglés quedaba relegado.
Esta confesión no es aislada. Messi, quien ha conquistado ocho Balones de Oro y ha jugado en ligas globales, ha mencionado en varias ocasiones cómo la barrera idiomática le ha impedido conectar plenamente con figuras que admira. «Después me encontré en situaciones donde estaba con personas que admiraba y no podía comunicarme bien», explicó en la misma charla, aludiendo a encuentros con celebridades internacionales durante su carrera. Lo que perdió no fue solo conversaciones superficiales; fue la profundidad de intercambios culturales, colaboraciones potenciales y una mayor comodidad en un mundo cada vez más globalizado. Ahora, radicado en Estados Unidos, donde el inglés es esencial, Messi ha intensificado sus esfuerzos por dominarlo, pero reconoce que el proceso es más arduo en la adultez. «Siento que me hace sentir ignorante», agregó en otra entrevista, destacando cómo esta limitación le ha restado fluidez en entornos multiculturales como la MLS o eventos mundiales.
El lamento de Messi resuena en un contexto más amplio: la importancia de aprender idiomas extranjeros desde la infancia. No se trata solo de una recomendación práctica, sino de una evidencia respaldada por la neurociencia, que explica por qué los niños tienen una ventaja única en este campo. Según estudios neurocientíficos, el cerebro infantil exhibe una alta plasticidad neuronal, es decir, una capacidad extraordinaria para formar nuevas conexiones sinápticas que facilitan el aprendizaje de lenguas. Durante la primera infancia, áreas como el córtex prefrontal y el hipocampo —responsables de la memoria, la atención y el procesamiento lingüístico— están en pleno desarrollo, permitiendo que los niños absorban idiomas de manera natural, similar a cómo adquieren su lengua materna, a través de la escucha, el juego y la inmersión cotidiana.
Desde el neuroaprendizaje, esta ventana de oportunidad se conoce como «período crítico», donde el cerebro es más receptivo. Investigaciones de la Academia Americana de Neurología indican que aprender un segundo idioma en edades tempranas no solo acelera la adquisición, sino que fortalece funciones cognitivas generales: mejora la concentración, la resolución de problemas y hasta las habilidades matemáticas, ya que el bilingüismo obliga al cerebro a alternar entre sistemas lingüísticos, entrenando el control ejecutivo. Además, promueve una «reserva cognitiva» que protege contra enfermedades como la demencia o el Alzheimer en la vejez, al aumentar las vías neuronales y retrasar el deterioro cognitivo. Un estudio publicado en «Nature Aging» confirma que el uso habitual de múltiples idiomas genera cambios estructurales en el cerebro, como un mayor volumen en regiones asociadas a la memoria y la multitarea.
En contraste, aprender un idioma en la adultez, como intenta Messi ahora, requiere más esfuerzo porque la plasticidad disminuye, aunque nunca desaparece por completo. La neuroplasticidad persiste a lo largo de la vida, pero los adultos enfrentan interferencias del idioma nativo, lo que complica la fluidez. Expertos como Nuria Sebastián, investigadora en bilingüismo, destacan que los niños bilingües desarrollan precozmente capacidades de control cognitivo, esenciales para el aprendizaje general, contradiciendo mitos sobre retrasos en su desarrollo.
La historia de Messi no es solo un mea culpa de una estrella; es un recordatorio para padres y educadores. En un mundo interconectado, donde el inglés abre puertas a oportunidades globales —desde el deporte hasta los negocios—, invertir en el aprendizaje temprano de idiomas es invertir en el futuro cerebral de los niños. Como dice el propio Messi a sus hijos: «La importancia de tener una buena educación». Quizás, en su arrepentimiento, haya una lección universal: el cerebro, como un balón, se entrena mejor desde joven.
























