Connect with us

Hola! que estás buscando?

Recorriendo vidas y paisajes

Juan de Garay y su errada elección en “Santa Fe la vieja”

Por Lic. Mónica Menvielle 

El 21 de marzo de 1583, el silencio del río Paraná se estremeció con el ruido de los golpes de macanas. Juan de Garay, el hombre que había soñado con decidir el destino sudamericano, caía bajo el ataque de los querandíes mientras descansaba en una isla durante su navegación desde Buenos Aires a Santa Fe, ambas producto de su empeño fundacional. No fue un hecho casual, sino consecuencia de la incomprensión entre un conquistador que imponía su voluntad y unos pueblos —mocoretáes y calchines— que llevaban dos milenios habitando la zona. Garay, en su afán colonizador, no logró comprender ni imitar la sabiduría de quienes fluían con el entorno, sellando así el destino de su fundación.

Años antes, en 1573, Garay había buscado afanosamente la forma de facilitar a Asunción una salida al mar. Creyó encontrar el lugar ideal en las tierras más altas del albardón costero, a orillas del río San Javier. Allí, a pocos kilómetros de la actual Cayastá, nació la primera Santa Fe, un asentamiento formal de viviendas sólidas, un Cabildo y seis iglesias. Durante casi noventa años, la vida se desarrolló siguiendo el modelo de población española, donde los templos no solo servían para el culto, sino también como el último refugio para los cuerpos de sus habitantes.

Sin embargo, su sueño comenzó a agrietarse bajo el peso de una elección geográfica errada. La ciudad se enfrentó a una serie de desgracias: nubes de langostas que devoraban las cosechas y un aislamiento terrestre que asfixiaba el comercio. A esto se sumaba la presión constante de los grupos indígenas, como los calchaquíes, que resistían el avance europeo. Pero el enemigo más implacable no tenía rostro humano: era el propio río Paraná. Las crecientes socavaban las barrancas sin piedad, derrumbando edificios y avanzando inexorablemente hacia la plaza principal.

Hacia mediados del siglo XVII, la situación se tornó insostenible. Imaginemos a una población acorralada por el agua y el hambre, viendo cómo su mundo se hundía día tras día debido a la terquedad de las autoridades que demoraban las soluciones. Finalmente, entre 1650 y 1660, se tomó la decisión definitiva: trasladar la ciudad completa. En una procesión de carretas cargadas de pertenencias y arreo de ganado, los pobladores caminaron kilómetros hacia el sur para fundar Santa Fe de la Vera Cruz. Pero en esa mudanza ocurrió un hecho singular que marcó una diferencia cultural profunda con los nativos de la zona: los españoles abandonaron a sus muertos. Mientras los pueblos originarios solían trasladar los restos de sus ancestros en sus migraciones, los colonos dejaron los cuerpos bajo los templos, permitiendo que el sedimento y el olvido los preservaran intactos por tres siglos.

La ciudad abandonada desapareció del mapa, convirtiéndose en una leyenda sepultada hasta que, en 1949, el Dr. Agustín Zapata Gollán se atrevió a traer el pasado a la superficie. Guiado por la tradición oral y documentos antiguos, inició excavaciones que revelaron un tesoro arqueológico. Así salieron a la luz los cimientos de San Francisco, Santo Domingo y La Merced, confirmando que la nueva Santa Fe había sido construida siguiendo fielmente el modelo de la ciudad vieja.

Zapata Gollán no solo desenterró muros, sino historias humanas. Encontró 192 sepulturas que reflejaban la jerarquía social de la época; las personalidades más prominentes descansaban cerca del altar mayor. Gracias a la práctica habitual de otorgar testamentos, se pudo identificar a algunos de estos habitantes. Uno de los documentos más valiosos es el de Doña Jerónima de Contreras, hija del fundador Juan de Garay, quien en 1643 ordenó ser enterrada en la iglesia de San Francisco, al lado de su marido, el gobernador Hernandarias. Sus deseos, plasmados en papel hace siglos, permitieron a los arqueólogos dar identidad a los restos hallados.

Hoy, el Parque Arqueológico Santa Fe La Vieja en Cayastá, sobre la Ruta Provincial Nº 1, Km 78, a unos 80 km al norte de la ciudad de Santa Fe, permite revivir esta odisea colonial. Al visitar sus ruinas, la Casa Ambientada, que recrea una vivienda de la época, o el museo de sitio, el visitante puede observar los cimientos de lo que fue el sueño de Garay y las réplicas de los restos óseos que, tras siglos de silencio, finalmente recuperaron su voz para contarnos su historia. No perdamos la oportunidad de escucharla.

 

 

Advertisement