En medio de la escalada bélica que sacude Oriente Medio tras los ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel contra Irán (Operación Furia Épica), el Comando Central de las Fuerzas Armadas estadounidenses (CENTCOM) emitió esta mañana un comunicado inusual: tres aviones de combate F-15E Strike Eagle de la Fuerza Aérea fueron derribados… por las defensas antiaéreas de Kuwait, su propio aliado.
El Pentágono calificó el suceso como un “incidente aparente de fuego amigo”. Los cazas, que participaban en misiones de patrulla y apoyo aéreo contra ataques iraníes con misiles, drones y aviones, fueron confundidos por los radares kuwaitíes con amenazas hostiles en el fragor del combate nocturno. Los seis tripulantes eyectaron con éxito, fueron rescatados rápidamente y se encuentran en condición estable, según confirmó CENTCOM en su declaración oficial.
El Ministerio de Defensa kuwaití ya había informado horas antes que “varios aviones militares estadounidenses se estrellaron” en su territorio, pero enfatizó que todas las tripulaciones sobrevivieron. La rápida coordinación entre ambos gobiernos evitó una crisis diplomática mayor, aunque el incidente dejó en evidencia la tensión y el caos reinante en los cielos del Golfo Pérsico.
Mientras Washington y Kuwait investigan las fallas en los sistemas de identificación amigo-enemigo (IFF), el episodio se suma a una jornada negra: cuatro militares estadounidenses murieron por ataques iraníes directos, y el conflicto se expande con intercambios de fuego entre Israel y Hezbolá en Líbano. En Washington, el presidente Trump prometió “vengar” las bajas, aunque reconoció que “tristemente habrá más” antes de que termine esta guerra regional.
Un recordatorio brutal: hasta en las alianzas más sólidas, la niebla de la guerra puede volverse letal.




























