Un perro conocido como “Picho” protagonizó una historia que conmovió a rescatistas y vecinos de Comodoro Rivadavia. El animal había sido entregado recientemente en tránsito en Rada Tilly, pero guiado por su instinto recorrió varios kilómetros hasta regresar solo al barrio Sismográfica, donde vivió gran parte de su vida.
El reencuentro se dio en la zona norte de la ciudad, cuando Picho apareció frente a la puerta de su antigua casa. La sorpresa fue total. Sin embargo, la emoción inicial dio paso a la preocupación: el perro llegó agotado, con temblores en las patas y claros signos de deshidratación, tras haber caminado largas distancias por rutas y caminos vecinales.
“Es el claro ejemplo de amor incondicional y lealtad. Lo entregaron en adopción o en tránsito en Rada Tilly, se escapó y regresó a su hogar donde debería estar su familia”, relataron quienes lo asistieron apenas lo vieron llegar. La escena movilizó rápidamente a proteccionistas locales, que acudieron para brindarle ayuda.
El animal recibió agua y alimento balanceado de inmediato para estabilizarlo. “Está exhausto, temblando. Ahí le dejamos un poquito de balanceado. Ahora le vamos a poner agua. La verdad que se nos pone la piel de gallina. Es por eso que estamos acá, es por ellos, por los sin voz que estamos intentando salvar a todos”, expresaron conmovidos desde el equipo de rescate.
Según explicaron, el desgaste no fue solo físico, sino también consecuencia del estrés de atravesar un entorno desconocido y hostil hasta reencontrar las calles que reconocía. Para los rescatistas, el caso vuelve a poner en evidencia que los animales no son objetos, sino seres con memoria, apego y un fuerte sentido de pertenencia.
“Sabemos que ellos son los más fieles y los más cariñosos, amorosos del mundo. No merecen esto que está sucediendo. Ya coordinamos con su familia para que venga a buscarlo y podamos dejarlo en un lugar donde él pueda ir a visitarlo y estar juntos, porque va a ser imposible separarlos”, confirmaron.
Ahora, el objetivo es garantizar que Picho permanezca cerca de su familia, evitando nuevas situaciones traumáticas.
“Pich, dale, mi amor, ya vas a estar bien”, le decían mientras lo acariciaban, ya de regreso en el barrio que nunca dejó de considerar su hogar.






















