Durante casi dos siglos, el reclamo argentino por las Islas Malvinas ha atravesado gobiernos, generaciones y escenarios internacionales. Desde la ocupación británica en 1833, la cuestión de la soberanía se convirtió en un punto central de la política exterior argentina y en una causa nacional que trasciende partidos. A lo largo de 193 años, Argentina ha sostenido reclamos diplomáticos, implementado sanciones económicas, impulsado resoluciones en la ONU y, en 1982, llevado adelante una guerra que dejó secuelas profundas en ambos países y en los propios habitantes de las islas.
Sin embargo, el conflicto permanece sin resolución efectiva y el vínculo entre Argentina, el Reino Unido y la comunidad isleña sigue marcado por la desconfianza, la memoria de la guerra y la falta de avances concretos. En este contexto, Alejandro Diego, excombatiente de la guerra de Malvinas, presentó una propuesta para avanzar en la disputa entre Argentina y el Reino Unido sobre las islas: un modelo de soberanía compartida, con estatus de provincia autónoma y representación parlamentaria. La iniciativa fue expuesta en abril, durante la 44Falkland/Malvinas Conflict Conference en la Universidad de Manchester.
La propuesta de Diego parte de un diagnóstico crítico: “En 193 años de buscar el todo, no tenemos nada”, sintetizó en diálogo con Infobae. Durante una emotiva charla, el excombatiente hizo un recorrido desde el día que desembarcó en las islas hasta ahora, y cómo fue que terminó de madurar la idea.
“Llegué a Malvinas el martes 13 de abril con todo el sentimiento de que “las Malvinas son argentinas”, pero me chocó, no era como estar en Argentina, me sentía en un lugar diferente, habitado por gente diferente. Pero cuando en junio empecé a enterrar amigos, ahí dije ‘ahora son argentinas, por ustedes’. Treinta años después, cuando regreso ya como veterano de guerra, vuelvo a sentir que son diferentes, y que los que viven allá merecen seguir estando. Al fin y al cabo los tenemos que respetar, como argentinos“, relata.
La historia de Alejandro Diego es como la de la mayoría de los excombatientes: participaron de una guerra que no estaba en los planes de nadie. En el inicio del conflicto en el Atlántico Sur, mientras cumplía con el servicio militar obligatorio, fue desplazado hacia el sur argentino junto a varios soldados que cumplían tareas en la oficina de Meteorología del Edificio Libertad. La decisión provino del almirante Jorge Isaac Anaya, quien ordenó el traslado de ese grupo específico en el contexto del estallido de la guerra.
Durante su tiempo en las islas, Alejandro se integró a las actividades del Apostadero Naval en Puerto Argentino, cumpliendo tareas asignadas por la autoridad militar. Su experiencia diaria transcurría mayormente dentro del Bahía Buen Suceso, un buque destinado al transporte y abastecimiento, donde también pasaba las noches, utilizando la bodega como lugar de descanso.
Diego contó que en su primer regreso al archipiélago tuvo tres encuentros que lo marcaron y que lo llevaron a pensar en que debía buscar una alternativa. Dos de ellos fueron con otro veterano argentino y con un isleño. Ambos habían matado durante el conflicto, y le relataron el “horror” que sintieron al quitarle la vida a otro ser humano. El tercero fue aún más movilizante: “Tuve un encuentro místico con mi amigo que está enterrado en las islas. Él me dijo tres cosas: que no se puede matar gente por tierra, que él estaba bien con Dios, tranquilo, y me dijo que íbamos a honrar a los caídos solo cuando haya un acuerdo con Gran Bretaña, con los isleños y resolvamos el conflicto”.
A partir de ese momento, comenzó a gestar la idea de una salida que termine con el conflicto de casi dos siglos. “En 193 años de buscar el todo no tenemos nada. Empatizo con los isleños, pero soy argentino y dije ‘algo tenemos que hacer’.
Para él, la única vía realista es construir una figura político-institucional que contemple los intereses de los 3.500 habitantes de Malvinas y de ambos Estados. Diego dice que los isleños quieren “la autodetermianción, pero eso no existe, es imposible”.
Por eso, su propuesta concreta apunta a un cambio político-institucional: “Ellos nos dicen ‘no trust’, no hay confianza. Por eso creo que la forma de que acepten es que sean una provincia autónoma. Las provincias argentinas actuales fueron anexadas en algún momento de la historia, pero tienen autonomía. Esa es la figura que se puede implementar”, explicó. Según el excombatiente, el modelo permitiría que los isleños mantengan “el idioma, su moneda, pero que tengan representantes en nuestro congreso con 3 senadores y 3 diputados”. Diego remarcó que “los recursos naturales son explotados por los isleños. Pueden anexarse como una provincia”, pero con garantías explícitas de autonomía y derechos adquiridos. La posibilidad de representación parlamentaria abriría el camino a una mayor integración económica y regional.
Durante su exposición vía zoom en la conferencia de Manchester, Diego fue más preciso: “No podemos olvidar a las personas que vivían en las Islas en el momento de la guerra. Ellas también sufrieron mucho, y mi visión es que ambos países —Argentina y el Reino Unido— son responsables de eso”. Cualquier acuerdo, insistió, debe “mejorar su vida, no empeorarla” y garantizar que “su propiedad privada, sus intereses y su forma de vida deben ser respetados”. Para resolver la desconfianza, propone un garante internacional. En la conferencia, explicó: “Creo que [Estados Unidos] tiene la capacidad de sentar a Argentina y al Reino Unido en una misma mesa. No le conviene a Estados Unidos que dos aliados mantengan un conflicto que amenaza la estabilidad del Océano Atlántico Sur”.
Fuente: Infobae
