Una campaña de concientización puso el foco en el uso de collares eléctricos en perros, una herramienta que, según se señala, todavía es recomendada o utilizada por algunos adiestradores y tutores en Rada Tilly y Comodoro Rivadavia.
El planteo apunta a advertir sobre los posibles efectos que pueden provocar las descargas o impulsos eléctricos en los animales y sostiene que este tipo de dispositivos está prohibido en distintos países debido a sus consecuencias sobre el bienestar de los perros.
Entre los efectos mencionados se encuentran dolor físico, irritación y lesiones en la zona del cuello, además de estrés, ansiedad y miedo. También se advierte que el animal puede asociar la descarga con personas, otros perros u otros estímulos presentes en ese momento, generando respuestas defensivas o agresivas.
Otro de los riesgos señalados es que el perro no necesariamente comprende qué conducta provocó el castigo. Esto puede generar confusión y pérdida de confianza tanto en su entorno como en las personas que lo acompañan.
Desde la campaña cuestionan además la efectividad de esta metodología para abordar problemas de conducta, ya que consideran que puede detener una acción momentáneamente mediante el miedo, pero no resolver las causas que pueden estar detrás de comportamientos vinculados con ansiedad, temor o falta de guía.
Como alternativa, proponen recurrir a métodos de adiestramiento basados en el refuerzo positivo, utilizando premios, guía y comunicación para trabajar las conductas sin recurrir al castigo eléctrico y fortaleciendo el vínculo entre las personas y sus perros.
