A más de dos semanas del derrumbe registrado en el cerro Hermitte, un informe técnico elaborado por el geólogo José Paredes, de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, confirmó que la ladera continúa siendo peligrosa y presenta un alto nivel de inestabilidad. El documento fue entregado ayer a las autoridades municipales y advierte que alrededor de 3,5 millones de metros cúbicos de material aún podrían desplazarse, con impacto directo sobre zonas urbanas cercanas.
El estudio se basó en recorridas de campo y en análisis técnicos posteriores, que permitieron reconstruir lo ocurrido el pasado 18 de enero y evaluar el estado actual del cerro. Según el relevamiento, el movimiento principal ya se produjo, pero dejó como consecuencia miles de nuevas fracturas en la ladera, sin posibilidades de recomposición natural. A esto se suma la saturación del subsuelo y la incidencia de las lluvias, factores que incrementan el riesgo de nuevos deslizamientos.
El informe plantea la necesidad de estabilizar el talud, aunque remarca que en Comodoro Rivadavia no existen empresas con capacidad técnica para llevar adelante ese tipo de obras, por lo que se recomienda gestionar la intervención de firmas especializadas a nivel nacional. También se señala la urgencia de implementar un sistema de monitoreo permanente para seguir en tiempo real la evolución del cerro.
En cuanto a las zonas habitadas, el diagnóstico es preocupante. En el barrio Médanos todavía hay viviendas en pie, pero muchas presentan deformaciones estructurales y daños severos producto del desplazamiento del terreno, lo que vuelve desfavorable su habitabilidad y obliga a realizar evaluaciones técnicas detalladas. En el sector de Marquesado, el suelo fue calificado como altamente inestable y el movimiento del cerro impactó de forma directa sobre las casas, por lo que se recomienda una revisión integral de la zona.
La situación más crítica se registra en el área Sismográfica, considerada inhabitable. Allí se aconseja avanzar con la demolición de las viviendas que aún permanecen en pie, como medida preventiva ante el riesgo de colapsos mayores. En tanto, en el barrio Los Tilos el escenario es dispar: una parte fue afectada por el movimiento del terreno y otra presenta daños menores, por lo que se propone analizar cada vivienda de manera individual antes de definir acciones.
Desde el ámbito técnico insisten en que el fenómeno no está resuelto y que cualquier decisión deberá priorizar la seguridad de los vecinos, con intervenciones planificadas y respaldo especializado.























