La situación de la estación meteorológica del aeropuerto de Esquel encendió señales de alerta ante la posible reducción de personal, una medida que, según advierten desde el sector, podría afectar tanto la operatividad aérea como la calidad del servicio.
Con más de 80 años de funcionamiento ininterrumpido desde 1945, la estación se consolidó como un punto clave dentro de la red de observación coordinada por la Organización Meteorológica Mundial. Su base de datos climáticos es considerada estratégica para el análisis científico, el estudio del cambio climático y la elaboración de pronósticos.
Actualmente, el equipo está conformado por seis meteorólogos, número que señalan como el mínimo indispensable para garantizar la cobertura las 24 horas. En este contexto, cualquier baja —ya sea por licencias, enfermedades o desvinculaciones— comprometería la continuidad del servicio.
El trabajo que se realiza en la estación va más allá de los informes aeronáuticos. Cada hora se registran entre 20 y 25 variables atmosféricas, datos que alimentan modelos de pronóstico, sistemas de alerta temprana y diversas actividades productivas. Además, se generan reportes clave como los mensajes METAR y SPECI, regulados por la Organización de Aviación Civil Internacional, fundamentales para la seguridad de los vuelos.
Desde el sector remarcan que el rol del observador meteorológico humano es irremplazable. Si bien la tecnología aporta herramientas, existen fenómenos que requieren interpretación, experiencia y conocimiento local, aspectos que no pueden ser completamente automatizados.
Advierten que una eventual reducción del servicio no solo impactaría en la seguridad aeronáutica, sino también en la conectividad de la región, con posibles cancelaciones o reprogramaciones de vuelos. En ese escenario, el reclamo apunta a sostener la totalidad del equipo de trabajo como condición esencial para garantizar un sistema considerado crítico tanto para la aviación como para la comunidad en general.






































