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‘No pueden ser británicas para siempre’: The Guardian presiona al Reino Unido por Malvinas

En medio de la euforia por la dramática victoria de Argentina sobre Inglaterra en las semifinales del Mundial de Fútbol 2026, un gesto simbólico volvió a encender un debate histórico que trasciende el deporte. Mientras los jugadores albicelestes celebraban el agónico 2-1 en Atlanta, varios de ellos —entre ellos Giovani Lo Celso y Lisandro Martínez— desplegaron una bandera con la leyenda “Las Malvinas son Argentinas”. La imagen, cargada de emotividad para los argentinos, generó inmediata controversia internacional.

El presidente Javier Milei, quien había expresado su admiración por Margaret Thatcher, consultado sobre el episodio al finalizar el partido, lo calificó como “un acto de populismo” y sostuvo que no se debe caer en eso…

En ese contexto de rivalidad futbolística y memoria histórica, el prestigioso diario británico The Guardian publicó una extensa columna de opinión del periodista Simon Jenkins que ha resonado con fuerza en ambos lados del Atlántico. Bajo el título “‘¿Las Malvinas son Argentinas?’ No exactamente, pero las Malvinas no pueden seguir siendo británicas para siempre”, Jenkins insta al Reino Unido a reabrir las negociaciones de soberanía con Argentina.

“No pueden ser británicas para siempre”, afirma el columnista, recordando el alto costo que representa para los contribuyentes británicos el mantenimiento de la defensa de las islas: alrededor de 60 millones de libras esterlinas al año. Jenkins argumenta que esta situación es un “absurdo remanente imperial” y que la lógica histórica, geográfica y económica apunta hacia un acuerdo negociado.

La columna llega en un momento particularmente simbólico, justo después de la victoria argentina ante Inglaterra en el Mundial. Jenkins plantea si no sería “demasiado pedir que surja una negociación tras la semifinal”, conectando el pulso emocional del deporte con la disputa territorial de larga data. Su texto no reconoce de manera absoluta la soberanía argentina, pero sí cuestiona la sostenibilidad indefinida de la posición británica y revive propuestas históricas de leaseback (soberanía argentina con arrendamiento a largo plazo) que se discutieron antes del conflicto de 1982.

El gesto de los jugadores en el campo y la columna de Jenkins reavivan una herida que, 44 años después de la guerra, sigue latiendo en la identidad argentina. Mientras el Reino Unido ha manifestado su rechazo a la bandera y pedido una investigación de la FIFA, en Argentina se interpreta como una afirmación legítima de un reclamo histórico.

En las páginas de The Guardian, uno de los medios más influyentes del Reino Unido, resuena una voz que invita a mirar más allá del orgullo imperial y considerar el diálogo. “Las Malvinas no pueden seguir siendo británicas para siempre”, concluye Jenkins. Una frase que, en el contexto de la fiesta futbolística y la diplomacia, invita a reflexionar sobre si el tiempo no habrá llegado para retomar la mesa de negociaciones.

El fútbol, una vez más, se cruza con la historia y pone sobre el tapete una cuestión que, lejos de resolverse en el césped, exige soluciones en el terreno de la política internacional, aunque este gobierno, demuestra no estar a la altura de la memoria colectiva, ni del legado que han dejado los combatientes de malvinas.

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