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Rada Tilly

Un seguimiento satelital permite conocer por primera vez el recorrido migratorio completo de una ballena sei

El Proyecto de Investigación de Cetáceos del golfo San Jorge registró el desplazamiento de un ejemplar desde el golfo San Jorge hasta el sur de Brasil y su posterior regreso.

Durante la temporada de trabajo 2026 del Proyecto de Investigación de Cetáceos del golfo San Jorge, investigadores colocaron rastreadores satelitales a tres ejemplares en el golfo San Jorge. El seguimiento permitió registrar, por primera vez, el recorrido migratorio completo de una ballena sei desde el golfo San Jorge hasta el sur de Brasil y su posterior regreso.

Dos de las ballenas instrumentadas, bautizadas Frodo y Gollum, continúan transmitiendo sus posiciones. Ambos ejemplares llegaron hasta el sur de Brasil, aunque realizaron recorridos diferentes. Frodo se desplazó principalmente sobre la plataforma submarina, entre 50 y 80 kilómetros de la costa, mientras que Gollum realizó un recorrido mucho más oceánico. Frodo salió del golfo San Jorge el 22 de junio de 2026 y regresó el 6 de agosto, completando un recorrido de más de 40 días.

Los rastreadores permiten ampliar y consolidar el conocimiento sobre las rutas migratorias, los movimientos y el uso que esta especie hace del océano. Durante esta temporada, además, los investigadores incorporaron más de 50 individuos a los catálogos de fotoidentificación y registraron cuatro ejemplares de ballena azul.

Participaron de esta campaña los investigadores Mariano Coscarella, Marina Riera, Santiago Fernández, Lucas Beltramino e Ignacio Gutiérrez; los estudiantes Jeremías Galaz, Francisco Yakimovicz e Iván Pejcich; Daniel Lucchetti, Daniel Vidal, Juan Morales, Melina Vidal y Pablo Bermúdez, colaboradores del proyecto y pilotos de dron; y los patrones de Habitantes del Mar Martín Hocko, Facundo Niziewiz, Domingo Niziewiz, Humberto Maturana y Martín Rodríguez.

La investigación sobre la especie comenzó en 2013, a partir de los primeros registros realizados por personal del Área Natural Protegida Punta Marqués. Estos avistajes impulsaron a investigadores locales a profundizar el estudio de la especie y dieron origen al Proyecto de Investigación Ballena Sei.

Actualmente el Proyecto de Investigación de Cetáceos del golfo San Jorge cuenta con el apoyo de los municipios de Rada Tilly y Comodoro Rivadavia, el Ministerio de Turismo y Áreas Protegidas del Chubut, la Facultad de Ciencias Naturales y Ciencias de la Salud de la UNPSJB, CONICET-CESIMAR, la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA, por sus siglas en inglés), Habitantes del Mar, Patagonia Azul, Fundación Azara, Universidad Maimónides (UMAI), el laboratorio de análisis genéticos Generis y Pan American Energy.

A partir de los años de trabajo, los investigadores estiman que más de 2.800 ejemplares utilizan las aguas del golfo San Jorge para alimentarse entre octubre–noviembre hasta mayo. Las ballenas sei comienzan a llegar a la zona a fines de octubre y permanecen alrededor de seis meses. Abril y mayo son los meses de mayor abundancia, por lo que este período comienza a consolidarse como temporada de ballenas sei en el golfo San Jorge.

La relevancia de esta investigación trasciende el ámbito local debido al escaso conocimiento científico disponible sobre la ballena sei, una especie principalmente oceánica. Su presencia cercana a las costas del golfo San Jorge constituye un fenómeno excepcional, que ofrece una oportunidad única para estudiar sus movimientos, comportamiento y uso del hábitat. Esta característica, al mismo tiempo, dificulta su estudio y aumenta el valor de las investigaciones desarrolladas en la zona.

La ballena sei (Balaenoptera borealis) es el tercer rorcual más grande del mundo, después de la ballena azul y el rorcual común (o ballena fin). La especie se encuentra en peligro de extinción y, según la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), su población mundial se estima en alrededor de 50.000 ejemplares. Durante casi un siglo, sus poblaciones disminuyeron como consecuencia de la caza intensiva. Tras la prohibición de la caza comercial, comenzaron a recuperarse y la especie volvió a registrarse en distintas zonas, entre ellas las aguas del golfo San Jorge.

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